Un estudio realizado en un instituto suizo que introdujo horarios de inicio flexibles encontró que los estudiantes elegían abrumadoramente comenzar la escuela más tarde y terminaban durmiendo alrededor de 45 minutos más cada noche escolar. Los adolescentes se quedan dormidos de forma natural más tarde debido a cambios circadianos biológicos, lo que hace que los horarios de inicio temprano sean un factor importante de privación crónica de sueño en los adolescentes. El descanso adicional condujo a significativamente menos problemas de sueño, mejor bienestar emocional y mejora del rendimiento académico en comparación con los horarios de inicio estándar. Los investigadores señalan que los hallazgos se suman a un creciente cuerpo de evidencia de que los horarios de inicio más tardíos son beneficiosos para la salud y el desarrollo de los adolescentes. Los funcionarios de salud pública y los expertos en educación piden cada vez más cambios sistémicos en los horarios escolares para alinearlos con la biología de los adolescentes. El estudio concluye que los horarios de inicio más tardíos representan una de las intervenciones más simples y efectivas para mejorar la salud de los adolescentes.