Una nueva investigación sugiere que los microplásticos, que ahora se encuentran ampliamente en alimentos, agua e incluso en el polvo doméstico, podrían desencadenar inflamación y daño neurológico en el cerebro a través de múltiples vías biológicas. Los científicos estiman que los adultos pueden consumir alrededor de 250 gramos de estas diminutas partículas de plástico al año, y algunas pueden acumularse en órganos, incluido el cerebro. El estudio revela que los microplásticos pueden alterar la barrera hematoencefálica, acelerar el estrés oxidativo y promover la agregación de proteínas asociada con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson. La naturaleza ubicua de la contaminación por microplásticos la convierte en una preocupación grave de salud pública que exige investigación urgente y acción regulatoria. Reducir la exposición mediante la dieta, el agua filtrada y minimizar el uso de plásticos puede ayudar a reducir el riesgo. Los hallazgos piden estudios toxicológicos exhaustivos sobre los efectos neurológicos a largo plazo de los microplásticos en humanos.