Los científicos han descubierto que la D-cisteína, una rara versión en imagen especular del aminoácido cisteína, puede ralentizar drásticamente el crecimiento de ciertos cánceres sin afectar las células sanas. A diferencia de la mayoría de los tratamientos anticancerosos, la D-cisteína es absorbida principalmente por las células cancerosas a través de un transportador específico en su superficie. Una vez dentro, bloquea una enzima mitocondrial crucial que las células cancerosas necesitan para producir energía y mantener el ADN. La selectividad de este mecanismo representa una gran ventaja frente a la quimioterapia convencional.